Conocernos bien a nosotros mismos y las habilidades de las que disponemos para manejar las influencias de nuestro entorno, es igualmente nuclear.
Conocer como somos, además de como estamos, es fundamental a la hora de poder objetivizar mi grado de afectación.

No es lo mismo tener una predisposición personal depresiva, como rasgo de personalidad, que padecer una depresión sujeta a otros factores. Así la forma de enfocar la recuperación nos acerca con mayor probabilidad de éxito a la remisión de los síntomas.

Podemos ser muy hábiles para el desempeño de determinadas tareas o para abordar problemas o dificultades pero si me encuentro depresivo/a, hay que saber realizar una medida justa de esas habilidades en ese momento. Es muy frecuente caer en la conclusión errónea de pensar que “hemos cambiado”, “yo antes era”, “no soy capaz”, “antes yo hacía” .. y es fundamental saber que esas habilidades y recursos no han desaparecido, ni hemos cambiado. Somos las mismas personas pero impregnadas por un conjunto de síntomas que por definición tienen que hacernos sentir así. No nos dejemos engañar.

Simplemente soy tan hábil, amable, extrovertida, etc., como siempre pero en este momento no me manifiesto así, no tenemos ganas, nos sentimos tristes, los síntomas nos hacen ver solo aspectos negativos de nuestra vida o de nuestra persona, pero somos los mismos y nuestra vida sigue siendo la misma, con o sin un problema nuevo que gestionar.

“Me siento mal”, es una referencia justa, así como acepto mi funcionamiento actual:  “no me apetece en este momento, lo haré después”, “mi ritmo de ejecución es más lento pero puedo hacer cosas, aunque sean menos” entre otros. Esa es la actitud para ganar la batalla: mantenernos activos con un mínimo de actuaciones y al ritmo que queramos o podamos. Marcarnos objetivos pequeños, concretos y alcanzables y superarlos, hace que, (aunque no lo sintamos como un logro o no experimentemos los beneficios de manera inmediata), progresivamente nos desvinculemos del malestar depresivo. La pasividad es incompatible con la recuperación, al menos la retrasa.

Mantenerse mínimamente activo sin esperar disfrutar, así como el manejo adecuado de nuestros pensamientos negativos, son buenas estrategias que nos encaminan hacia el cambio.

Si tengo recursos para atender otro proceso patológico de cualquier tipo con los recursos de los que dispongo, como por ejemplo: una gripe, una lesión muscular, etc…, objetivizando los síntomas y abordándolos siguiendo los criterios profesionales, puedo abordar una depresión si conozco la clínica y cumplo las orientaciones o pautas marcadas por los especialistas. Es esperado que no tenga ganas, ni sienta alegría cuando cumplo los objetivos, la depresión es así, de lo contrario, no la tendrías.

Son los síntomas de un trastorno, no tiene que ver con nuestra voluntad o nuestra realidad. Y si se inicia por un problema ajeno o estresor externo, pues es el momento de abordarlo por la parte que pueda depender de nosotros, respetando nuestros tiempos y los del problema, aceptando y expresando nuestras emociones y curso del trastorno, si ya se ha instaurado.

Todo proceso, del tipo que sea, necesita sus tiempos de ejecución, con las emociones proporcionales a lo que está ocurriendo y si es negativo lo normal es que nos sintamos mal, es lo esperado.

La depresión nos hace sentirnos mal, hagamos un esfuerzo por no creer lo que sentimos, por entenderlo y considerarlos como síntomas, al igual que la fiebre en un proceso gripal, lo que ocurre es que en este caso tenemos que sentirnos tristes, desanimados o ansiosos, pero ¿realmente es así o es solo un estado temporal que va a remitir? ……

Diferenciemos los síntomas de lo que somos, es un buen punto de partida.

Lda. Isabel Ana Bernal Ortega

Psicóloga AN04044, Cop Andalucía Occidental

Jerez de la Frontera, 7 de Agosto de 2015