Una nueva investigación sugiere que la forma de regular las emociones, en los malos tiempos y en los buenos, puede influir en padecer ansiedad o la gravedad de la misma, según un estudio que se publicará en la revista ‘Emotion’.

En una serie de cuestionarios, los investigadores pidieron a 179 hombres y mujeres que explicaran la forma en que manejan sus emociones y cómo de ansiosos se sienten en diversas situaciones.

El equipo analizó los resultados para ver si las diferentes estrategias emocionales se asociaron con más o menos ansiedad. El estudio revela que los que participan en una estrategia de regulación emocional llamada reevaluación, que consiste en examinar un problema de una manera nueva, tendieron a padecer menos ansiedad social y menos ansiedad en general que aquellos que evitan la expresión de sus sentimientos.

“Cuando algo sucede, hay que ver el problema con una luz más positiva, un vaso medio lleno en lugar de medio vacío”, explicó la estudiante graduado de la Universidad de Illinois (Estados Unidos) Nicole Llewellyn, quien dirigió la investigación con el profesor de Psicología Florin Dolcos, una filial del Instituto Beckman de Illinois.

Este experto añade que esta estrategia supone replantear y evaluar lo que ha pasado y pensar cuáles son los aspectos positivos, como un reto estimulante y no un problema.

Los participantes del estudio que utilizaron regularmente este enfoque reconocieron tener un nivel de ansiedad menos grave que los que tienden a reprimir sus emociones.

“La Organización Mundial de la Salud predice que para 2020, la ansiedad y la depresión, que tienden a coocurrir, estarán entre las causas más frecuentes de discapacidad en el mundo, sólo tras la enfermedad cardiovascular”, destacó Dolcos, quien apuntó también que esta patología lleva asociado “un gran costo”.

Sin embargo, reconoció que no toda la ansiedad es mala, puesto que la de bajo nivel puede ayudar a mantener el tipo de enfoque que se hace de las cosas.

Según Dolcos, la supresión o tapar las emociones también puede ser una buena estrategia en una situación a corto plazo, por ejemplo, cuando el jefe grita a su empleado, igual que una actitud siempre positiva puede ser peligrosa, haciendo que una persona ignore sus problemas de salud, por ejemplo, o participe en conductas de riesgo.
Estudios anteriores habían encontrado que las personas que se inclinaban temperamentalmente para centrarse en hacer que sucedan cosas buenas eran menos propensas a sufrir de ansiedad que los que se centran en evitar que ocurran cosas malas, según Llewellyn.
Pero no había investigaciones que explicaran cómo esta diferencia de enfoque se traducía en conductas que la gente podía cambiar, mientras que el nuevo estudio explica las estrategias que contribuyen a que una persona tenga más o menos ansiedad.