En un principio, la apatía, sentirse triste, abandonado, considerarse nulo y un montón de palabras negativas, sobre sí mismo, puede considerarse como un principio de hundimiento personal y desembocar en lo que denominamos comúnmente depresión.

En algunos momentos de la vida, nos sentimos así, todos, durante un periodo más o menos corto.

Del periodo en el cual sentimos este estado anímico, dependerá la normalidad de nuestro comportamiento, en la actividad diaria.

Si nuestra forma de comportarnos, obstaculizan en nuestra vida, sentimientos, trabajo, amigos, familia etc..., durante un periodo largo nos adentramos en “algo” que no podremos controlar solos, y si nos damos cuenta de ello, buscaremos una ayuda.

Este tipo de problemas, en el ser humano, provienen de su propia naturaleza, únicamente por tener sentimientos.

Estos trastornos del estado de ánimo, no tienen edad de aparición, lo sufren desde los niños hasta las personas mayores, y las causas que lo producen, han de ser verdaderos profesionales, quienes lo encuentren y solucionen.

La repercusión en el entorno, generalmente y al principio, no suele ser recomendables, pues tanto el afectado como su ambiente, no se percatan de la situación que se está padeciendo, en el momento, dificultando el posible tratamiento profesional.

Existen asociaciones, instituciones gubernamentales y no gubernamentales, que con sus profesionales, ayudan a solventar este tipo de perturbación mental.

Una de las primeras, por no decir la primera, que se dedicó en España, a paliar este problema de mente y conducta es   A.N.A.E.D.  Fundada en 19 y pico, y que nació del amor que tenía su presidente por su mujer, que padecía desde tiempo este desánimo, decaimiento y tristeza.

Julio Batanero.